Quejas de los argentinos
Pues parece que la Copa tiene nombre nuevo para loa argentinos que visitan nuestro país, Copa de la Desorganización. Según informaciones del periódico La Nación es todo un caos conseguir entrar a los partidos como periodistas aún cuando los pases se tramitaron con meses de anticipación.
Ese es el problema de un Gobierno dedicado a la política más que a las responsabilidades que le atañen. Ante un evento de este calibre Venezuela debería estar demostrando ser una nación digna de organizar este tipo de competiciones, sobre todo cuando se trata de la competición internacional de fútbol más antigua del mundo, por tal motivo de mayor tradición.
Esta Copa hablará de nosotros fuera, lamentablemente la incompetencia del estado venezolano no se puede tapar con un dedo y los que vienen de afuera acostumbrados a ver eventos de este tipo a nivel mundial, son el juez y verdugo de una Copa manchada de tintes políticos y carente de una organización de calidad.
Triste, pero cierto, así se habla de nosotros afuera. Gracias Hugo Chávez, sabíamos que lo lograrías.
Desbordados
La Nación
La Copa de la desorganización no sería un nombre errado. Varios enviados de medios argentinos no podrán acceder a ver el partido que la Argentina jugará esta noche contra los Estados Unidos: la capacidad del estadio no tiene lugar para todos los periodistas acreditados. Anoche, en la sala de prensa lindera al estadio se vivieron escenas de caos debido a la gran cantidad de cronistas que fueron en busca de un codiciado boleto. Hubo, incluso, intento de agresiones a los organizadores.
El panorama no es alentador: las credenciales tramitadas con meses de anticipación desde la Argentina no tienen casi ningún valor. Para ingresar a ver el partido se necesitará un ticket que, por estas horas, es verdaderamente una odisea conseguir. Para alrededor de 900 periodistas acreditados hay 300 entradas que se comenzaron a repartir, con prioridad para la TV y agencias internacionales.
Con la credencial, que fue entregada a cuanta persona se comunicó con la organización, se podrá ingresar a los alrededores y al salón de prensa para, en el mejor de los casos, seguir el partido por TV (que a estas alturas puede que ni funcione).
La desorganización también se vivió en la capacidad hotelera de la ciudad colapsada y en el propio hotel de la selección, debido a la cantidad de periodistas de nuestro país. Los salones son diariamente desbordados y, en cada paso, se percibe improvisación y salidas de apuro.
También, el público sufrió inconvenientes con sus entradas. No llegaron a tiempo y en otros casos muchos hinchas debieron ir a un centro de entrega y soportar largas filas para conseguir los boletos que habían comprado con mucha anticipación.
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